Diciembre 02 del 2017
UN PASEO POR LA VERACRUZ
Es increible la cantidad de prostitutas por este sector de la ciudad. La entrada de la iglesia que lleva el mismo nombre del sector está rodeada por el frente y las esquinas del centro religioso por estas mujeres, la mayoría de edad madura y unas cuantas jóvenes.
En los rostros de la mayoría se refleja la ansiedad de acostarse con un hombre, pero no tanto por la pasión sino por la necesidad. Pasé por el lado de una mujer quien me invitó, pero en medio de la timidez yo advertí que algo de pudor se advertía en sus palabras y mirada, viendo esta circunstancia le pregunté por las venezolanas y un poco extrañada y contrariada me refutó que porqué tal interés por ellas y de mala gana me dijo que tres cuadras más abajo de este sector las habían remontado porque dizque le estaban haciendo mala competencia. Queriendo saber un poco más acerca de esta circustancia, comentó que estaban cobrando más barato que las paisas y que por esta razón habían tenido varias contiendas hasta con derramiento de sangre y líos judiciales. ( Inmediatamente me acordé de mis tiempos juveniles cuando trabajé con ellas en Santa María, Boyacá).Se estaba construyendo por ese entonces la Represa del Chivor y en este pueblito de unos diez mil habitantes se habían asentado en su suelo casi mil mujeres, venidas de todos los departamentos del país y se asentaron en la parte baja del municipio en un lugar que llamaron la "Culebrera".
Estaba por ese entonces estudiando en la Universidad Pontificia Bolivariana filosofía y teología y se me ocurrió por ese entonces realizar algún trabajo pastoral y social con ellas en los plenos bares que pululaban por dicha zona. Aprovechando mi juventud y que tocaba la guitarra y un poco el acordeón animaba las reuniones con estas jóvenes y mujeres maduras que se desahogaban conmigo de las tragedias que pasaban a diario con los esmeralderos de la región quienes con sus pistolas se ponían de ruana estos sitios de lenocinio y que llegaron a quitarle la vida a algunas de estas indefensas personas o a lesionarlas gravemente.
Desde ese entonces les perdí el miedo y los prejuicios que se han cernido contra ellas y comencé a mirarlas de otra forma y a tratarlas con respeto y por eso cuando las abordó, de inmediato descubren que no estoy buscando lo que ellas esperan.
Bueno con la indicación que me dio la mujer, me dirijí al sitio y descubrí unas tres muchachas que por su hablar denotaban que no eran de estos lados. Tenían como acento costeño. Una se me acercó de inmediato y la recibí con una sonriza, esto le dio más seguridad para ofrecerme sus servicios,
Le pregunté su origen y entrecortada y apenada me dijo que era de Maracaibo y sin más acotó que sus otras dos compañeras la una era del Estado de Barinas y la otra de Carabobo.
Miré sus rostros un poco marchitos por la angustia y la preocupación. Una bostezó e inmediatamente se llevó la mano a la boca y se disculpó conmigo. Miré el bar y advertí que sólo vendía licor, entonces les pedí que me aompañaran a una cafetería que estaba en la esquina. Una se adelantó a mi petición y me dijo: Gracias, señor, pero aunque usted advirtió que tenemos hambre, mis hijos la tienen peor y nosotros necesitamos acostarnos con alguien para tratar de calmárselas. ¡Qué pena Señor, pero con quince mil quedaremos satisfechas!. Para usted puede ser poco, pero no para una venezolana. Si supiera cuánto compramos con esta platica en mi país, donde la plata no vale nada.
¿Ustedes están sin sus hijos?- les pregunté- Si señor y sin nuestros esposos. ellos no saben que estamos vendiendo nuestros cuerpos, pero Dios sabe por qué lo estamos haciendo.
De todos modos tomemos y comamos algo, pues sin alientos no van a poder cumplir su tarea, les dije en forma de broma y entonces como perritos falderos me sigueron hasta el establecimiento. Allí comieron empanadas y bebieron café con leche. Terminado el refrigerio, dijo una de ellas. Bueno, ¿Con cuál de nosotras quiere ir a la cama? ! Cómo ¿no era pues con las tres?¡- Eh, !qué paisa tan tramposito y agalludo, no¡. ¿Quiere compañía?, pele uno de cincuenta mil y no hay problema.
Solté una rizotada, la que acompañaron todas ellas un poco sonrojadas. Saqué el billete del bolsillo de la camisa y se los entregué. La otra que había permanecido expectante me tomó la mano y me agradeció. Luego me dijo: Dios se lo pagué Señor y usted dispondrá de nosotras.
Listo: Usted, la costeñita va y cambia el billete y le da a cada una su parte y ojalá que puedan ajustar lo que resta para que se lo envíen a sus hijitos, yo por mi parte me iré por donde vine.
¿ Se va a ir sin que se le dé nada? ¿entonces estaba chanceando?
Así somos la mayoría de los antioqueños. Gracias por dejarme compartir con ustedes, que son tan bellas y sinceras.
Señor, dijo la que iba a cambiar el billete, ¿ Puedo darle un abrazo?
¿Usted sóla?
Sin esperar respuesta, cada una de las tres me fueron tomando de la cintura. La última se quedó más de la cuenta hasta que una lágrima la delató y se fue deslizando con una mirada dulce y sublime.
Bastante compunjido me acordé de un relato oriental, que quiero que lo lean:
El asceta y la prostituta
[Minicuento - Texto completo.]
Anónimo: India
Era un pueblo en el que vivían, frente a frente, un asceta y una prostituta. El asceta llevaba una vida de penitencia y rigor, apenas comiendo y durmiendo en una mísera choza. La mujer era visitada muy frecuentemente por hombres. Un día el asceta increpó a la prostituta:
-¿Qué forma de vida es la tuya, mujer perversa? Estás corrompida y corrompes a los demás. Insultas a Dios con tu comportamiento.
La mujer se sintió muy triste. En verdad deseaba llevar otra forma de vida, pero era muy difícil dadas sus condiciones. Aunque no podía cambiar su modo de conseguir unas monedas, se apenaba y lamentaba de tener que recurrir a la prostitución, y cada vez que era tomada por un hombre, dirigía su mente hacia el Divino. Por su parte, el asceta comprobó con enorme desagrado que la mujer seguía siendo visitada por toda clase de individuos. Adoptó la medida de coleccionar un guijarro por cada individuo que entrara en la casucha de la prostituta. Al cabo de un tiempo, tenía un buen montón de guijarros. Llamó a la prostituta y la recriminó:
-Mujer, eres terrible. ¿Ves estos guijarros? Cada uno de ellos suma uno de tus abominables pecados.
La mujer sintió gran tribulación.
Deseó profundamente que Dios la apartase de ese modo de vida, y, unas semanas después, la muerte se la llevaba. Ese mismo día, por designios del inexorable destino, también murió el asceta, y he aquí que la mujer fue conducida a las regiones de la luz sublime y el asceta a las de las densas tinieblas. Al observar dónde lo llevaban, el asceta protestó enérgica y furiosamente por la injusticia que Dios cometía con él. Un mensajero del Divino le explicó:
-Te quejas de ser conducido a las regiones inferiores a pesar de haber gastado tu vida en austeridades y penitencias, y de que, en cambio, la mujer haya sido conducida a las regiones de la luz. Pero, ¿es que no comprendes que somos aquello que cosechamos? Echa un vistazo a la tierra.Allí yace tu cuerpo, rociado de perfume y cubierto de pétalos de rosa, honrado por todos, cortejado por músicos y plañideras, a punto para ser incinerado con todos los honores. En cambio, mira el cuerpo de la prostituta, abandonado a los buitres y chacales, ignorado por todos y por todos despreciado. Pero, sin embargo, ella cultivó pureza y elevados ideales para su corazón pensando en Dios constantemente, y tú, por el contrario, de tanto mirar el pecado, teñiste tu alma de impurezas. ¿Comprendes, pues, por qué cada uno de ustedes va a una región tan diferente?
Atte: Javier Chavarriaga T. E Chino Calasancio
FIN
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